Hace algunas semanas unos amigos de lo ajeno se llevaron el carro de un pariente. Tenía solo dos días de haberlo comprado y se aprovecharon de que lo parqueó a la salida de misa para tomarlo "prestado".
Por supuesto que no le pidieron permiso, pero sí se tomaron la molestia de comunicarse con él unas horas después. Querían ¢600.000 de "recompensa", pero tenía que ir a un lugar determinado y el "contacto" sería un vecino -y colega- del barrio.
Al final todo salió "bien": los robacarros recibieron el dinero y el pariente se trajo de nuevo el carro- sin el radio, claro.
Pero algo indignante fue que, mientras iban a camino "hacer el negocio", el cuestionable vecino se defendió: "Estos no son de los míos, son de otro lado, porque ya los tengo advertidos de que a la gente de mi pueblo no me las toquen".
Ah, caray! ¿Quiere decir que nadie roba en el pueblo, que no nos pasa nada, que estamos todos seguros porque son ellos los que nos protegen? ¿Y los policías? ¿Y los buenos?
Es preocupante saber que hemos llegado a tal punto... Y no me molestaría tanto la modestia del "buen vecino" si no fuera porque puede tener razón...
2 comentarios:
Pucha, esas son las historias que a uno nunca quiere que le pasen...
¡Qué carajo más bueno: "a la gente de mi pueblo no me las toquen"!
Habrá que inventarse algún nuevo super héroe o llamarse al Chapulín Colorado... pues a este paso nadie nos va a defender.
La historia está muy bien contada.
En mi barrio, hace unos diez años, hubo racha de que se metían a robar a las casas... lo curioso del incidente es que SÓLO se metían en las casas que NO le pagaban al guarda que andaba por ahí en bici. O el guarda en cuestión era onmipresente y solo se apersonaba en las casa contratadas o... bueno... era del estilo de tu vecino!
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