DOMINGO 8 DE AGOSTO
Textos bíblicos:
-Sab 18,6-9. En la liberación de la Pascua el pueblo de Israel va conociendo la certeza, de la promesa de la que se fiaba.
-Sal 32.Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
-Heb 11,1-2.8-19. La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve.
-Lc 12, 32-48 Donde está tu tesoro, allí está tu corazón.
Cuantos signos y expresiones de fe tan hermosos hemos visto en todo el país en torno a la madre de Jesucristo, nuestra Negrita de los Ángeles. Sin duda que a la mayoría de creyentes les mueve la fe en su corazón para dar esas muestras de amor a la hora de agradecer o pedir la intercesión de la madre del cielo.
La Palabra de este domingo viene a recordarnos que es la fe y como debe asumirse desde nuestra vida práctica, sus implicaciones concretas.
El libro de la Sabiduría, nos pone conceptos como fiarse, certeza.. En este caso es el pueblo de Dios que lo reconoce Señor, Creador y Libertador y cree que le cumplirá sus promesas. Las mismas promesas hechas a Abrahán, Sara, Isaac y Jacob y a todos sus descendientes, de quienes Dios conformó su pueblo escogido, y es dichoso por esa cercanía de su Dios protector.
La carta a los Hebreos se atreve a definir la fe como la “seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve”, que importante descubrir esto en medio de una humanidad tan marcada por su racionalidad y su autosuficiencia práctica. El hombre fácilmente cree en lo que ve, en lo que toca, en lo que puede entender o explicar de forma racional, lo que comprueba a través de un método científico o la tecnología actual. Pero a Dios y sus promesas de amor no lo podemos meter siempre en ese saco, de allí el orgullo y la prepotencia humana de tantos que prefieren ignorarlo en el ateísmo o en la indiferencia religiosa.
Muy en continuidad con el Evangelio del domingo anterior, el evangelista San Lucas nos invita a poner nuestra seguridad y confianza más en las cosas del cielo y no en las de la tierra, buscando nuestro tesoro en el cielo y no en nada de este mundo. En ese sentido se nos invita a ser buenos administradores de nuestras vidas, de los bienes materiales y de la vida de los demás en nuestras relaciones personales.
La fe por lo tanto no es solo esperar algo de Dios para la eternidad, sino también vivir la coherencia de esa fe en la forma en que vivimos y nos relacionamos con los demás. Por eso se nos invita a vivir con la cintura ceñida y las lámparas encendidas, como signo de estar preparados y en actitud de espera para el encuentro definitivo con Él.
El mes de la familia nos hace recordar en el primer encuentro en la importancia del diálogo familiar mientras vamos por el camino de la vida. Sin duda que hablamos de muchas cosas con la familia, amigos, compañeros y hasta desconocidos cada día, ¿pero dialogamos con ellos sobre nuestra fe y la confianza que podemos poner en Dios siempre?. Hemos de dialogar también sobre la convivencia familiar, de cómo nos tratamos y relacionamos en familia y si esto es coherente con la fe que profesamos.
No nos vaya a sorprender el Señor maltratándonos, con la agresión física, verbal, psicológica, sexual, patrimonial. Entendamos que la vida es un regalo de la que no podemos abusar creyéndonos más que los demás, para sentirnos superiores a ellos.
Caminando con Jesús por la historia de nuestra vida, revisemos que valor le doy a las cosas y a las personas en nuestra vida, y que clase de relaciones humanas estoy estableciendo con los más cercanos. Ojalá no sean de superioridad, de utilitarismo, de abuso, de agresión, de injusticia…
Si ya hemos podido conocer de Dios y de sus bondades, bendito sea el Señor, pero no olvidemos que él quiere seguir caminando con nosotros. Por eso quiere que le hablemos en el camino de todo lo que vamos viviendo, de lo que hace pesado o desanima en el caminar; de lo que lo estimula y alegra. Pero también quiere que hablemos entre nosotros, en sano diálogo reconstructivo de vidas y de la familia. A quien se le confía más se le exige….
Ojalá no te conformes solo con ese diálogo al interno de tu familia, Jesús nos invita a que lo abramos un poco más con los vecinos o amigos más cercanos. Seamos agentes misioneros, familias misioneras de la fe del Señor.
Bendiciones.
Su amigo y servidor.
P. Daniel Vargas.

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