19 octubre 2010

EL NO JUZGA LAS APARIENCIAS.... VE EL CORAZÓN.



DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO


Domingo 24 de Octubre del 2010


Primera lectura


Lectura del libro del Eclesiástico (35,12-14.16-18):

El Señor es un Dios justo, que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja; sus penas consiguen su favor, y su grito alcanza las penas consiguen su favor, los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia.


Palabra de Dios


Salmo
Sal 33,2-3.17-18.19.23

R/ Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha


Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.R/


El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias. R/


El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él . R/.


Segunda lectura


Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (4,6-8.16-18):


Estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió. Que Dios los perdone. Pero el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


Palabra de Dios


Evangelio


Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,9-14):


En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo." El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador." Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»


Palabra del Señor
Reflexión:
Cuanta gracia me hace el comercial de almacenes el Verdugo que ha reciclado la famosa frase costarricense del "TOME CHICHÍ" para burlarse de una familia "juega de vivo" (Los Paganini) que pretenden creerse más que otras humildes personas y resultan que su grandeza es pura apariencia y presunción.
Esto precisamente es lo que nos deja claro la Palabra de este domingo cuando nos regala esta hermosa parábola del fariseo y el publicano en el Templo. En principio dos personas iguales buscando a Dios en su casa, como nosotros cuando vamos a buscar cada domingo en la casa del Señor su paz, su fuerza, su consuelo y para darle nuestra alabanza y gratitud. Sólo que uno es justificado, ante Dios y el otro no. Qué marca la diferencia?: ¿Ser fariseo o publicano? ¿Lo qué llevaban puesto? ¿Lo que dijo uno o el otro? ¿El pecado de cada uno? Nada de esto lo que hace la diferencia, sino la actitud humilde de uno ante la soberbia presuntuosa del otro. El fariseo no hace más que presumir ante el Señor de sus presuntas bondades y supuestos méritos, se afana de no ser como el publicano y más bien se atreve a enjuiciarlo y condenarlo. El publicano humilde y arrepentido ni se atreve a levantar los ojos, solo expresa su arrepentimiento: "Oh Dios ten compasión de este pecador" Actitud que todos deberíamos tener siempre en la oración personal y en la celebración comunitaria, pues si algo bueno tenemos es puro regalo de Dios y por lo general lo único que si es nuestro es esa condición de pecado. Pues ese que se humilló fue enaltecido y el que se enalteció fue humillado.
Esta reflexión de la Palabra viene a animar nuestra esperanza pues con el salmista podríamos decir: "Si alfligido invoca al Señor el lo escucha" esa ha de ser nuestra convicción en medio de la verguenza y el desánimo que provocan los pecados y errores de la vida, pues si busco al Señor en medio de la aflicción con un corazón sincero y arrepentido de seguro me escucha. Nos dice el Eclesiástico Él no es parcial contra el pobre o el que sufre, Él es el juez justo que hace siempre justicia, pero juzga no desde las apariencias sino desde el corazón.
El testimonio de Pablo en la Carta a Timoteo nos evidencia la conversión de un hombre que pasó de la seguridad de su falso orgullo social y religioso a la actitud humilde de quien siente ha dado su mejor esfuerzo pero esperando que sea el Juez justo quien lo reconozca y le de la corona merecida.Reconoce que es Él quien le ha ayudado y le ha dado la fuerza para cumplir su tarea de anunciar el Evangelio, es él quien lo ha librado del mal e incluso pide perdón por aquellos que lo abandonaron .
Cada vez que vamos al Templo o vivimos el templo de la vida, podríamos imitar al publicano, reconociendo que estamos llenos de limitaciones por nuestra condición humana por lo que no presumir de nada ni ante Dios ni ante los hombres, más bien con toda humildad implorar siempre la bondad y misericordia de Dios que nos sostiene, escucha y ayuda en nuestras necesidades.
No imitemos el error del fariseo que se autoengañaba a sí mismo creyéndose muy bueno, que pretendía engañar a Dios aparentádole bondades que no tenía y miraba a los demás con menosprecio y discriminación. Su culto, su oración no fue aceptado por el Señor, podríamos decir no subió del techo.
Esto hemos de aplicarlo no solo al plano religioso sino a toda la conducta humana, pues la espiritualidad cristiana involucra a la acción integral del hombre. Por eso no podríamos mirar a nadie con desprecio, ni discrimarle por ninguna razón social. ¿Cómo podríamos ver por encima del hombro a otra persona por creernos más inteligentes, más atractivos, con más dinero, o mejor título? Entre más alto es la subida, más dura es la caída se dice por ahí.
Busquemos el camino de la humildad ante el Dios que ve el corazón mas que las apariencias. Para que nadie nos tenga que decir: "tome chichí" jajaja.
Con el cariño de siempre.
P. Daniel.

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