04 noviembre 2010

AL DESPERTAR ME SACIARÉ DE TU SEMBLANTE SEÑOR





Lecturas Domingo 32º del Tiempo Ordinario






Ciclo C











Domingo 07 de Noviembre del 2010








Primera lectura



Lectura del segundo libro de los Macabeos (7,1-2.9-14):




En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley. Uno de ellos habló en nombre de los demás: «¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres.» El segundo, estando para morir, dijo: «Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna.» Después se divertían con el tercero. Invitado a sacar la lengua, lo hizo en seguida, y alargó las manos con gran valor. Y habló dignamente: «De Dios las recibí, y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios.» El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven despreciaba los tormentos. Cuando murió éste, torturaron de modo semejante al cuarto. Y, cuando estaba para morir, dijo: «Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida.»




Palabra de Dios





Salmo



Sal 16,1.5-6.8.15





R/. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor


Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño. R/.


Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, y no vacilaron mis pasos. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. R/.





Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme. Yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante. R/.


Segunda lectura



Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (2,16–3,5):





Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza, os consuele internamente y os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas. Por lo demás, hermanos, rezad por nosotros, para que la palabra de Dios siga el avance glorioso que comenzó entre vosotros, y para que nos libre de los hombres perversos y malvados, porque la fe no es de todos. El Señor, que es fiel, os dará fuerzas y os librará del Maligno. Por el Señor, estamos seguros de que ya cumplís y seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos enseñado. Que el Señor dirija vuestro corazón, para que améis a Dios y tengáis constancia de Cristo.


Palabra de Dios


Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (20,27-38):


En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.» Jesús les contestó: «En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob." No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.


Palabra del Señor




Reflexión:




Después de celebrar con fe y esperanza el día de todos los difuntos la Palabra de Dios sigue animando nuestra convicción en la vida que nos trae Jesús Resucitado.


Cuando miraba esta semana los estragos de muerte y destrucción que dejaban los temporales y el mal tiempo, analizaba lo vulnerable y frágil que es nuestra vida.


Cuando escuchaba el necio conflicto que el vecino gobierno nicaraguense plantea en la zona fronteriza como una verdadera cortina para disimular sus problemas internos y sus corrupciones políticas, me hacía pensar como nos aferramos a las cosas de este mundo obcesionados por el poder y el orgullo, como si fuéramos eternos ciudadanos de este mundo.


La Escritura viene a reforzar la certeza de que somos seres limitados y mortales que un día a través de la muerte podremos esperar la vida en la eternidad que nos ofrece Cristo Jesús.


El segundo Libro de los Macabeos nos regala el precioso testimonio de toda una familia, una madre y siete hijos que que con una fuerza espiritual impresionante se resisten a la tentación de la idolatría e infidelidad a sus valores religiosos y aceptan la muerte antes que fallarle a su Dios. Que lección de vida más fuerte nos dan, que testimonio de fortaleza y radicalidad, sobre todo en medio de una sociedad donde la cultura del relativismo ético hoy inunda nuestra vida. Es fácil ver al niño o al joven sucumbir de las enseñanzas de sus familias ante el modernismo de las costumbres actuales. O ver al matrimonio fundado en valores cristianos de fidelidad y para siempre ante el modernismo de la salida fácil del divorcio, ver al servidor de la comunidad honesto ceder a la presión de un sistema corrupto. Ni que decir del atentar hasta contra la misma vida de quien sea por mi subjetiva conveniencia o comodidad disfrasada de derecho...


Esta valiente madre no sucumbe ni siquiera ante el martirio de sus hijos y ninguno de ellos deserta de la fe pues es un valor arraigado y consolidado desde su familia. Hoy desde la excusa social de que eso ya no es tan malo o todo el mundo lo hace nos entregamos al emperador inicuo del consumo, del placer sin límite e irresponsable o del egoismo más idólatra y materialista.


En estos creyentes del Antiguo Testamento ya percibimos una segura esperanza en la resurrección, pues no les importaba perder la vida pues sabían que en el Dios de Israel la recobrarían. Curiosamente en el seno de ese mismo pueblo brotaría un grupo religioso llamado los saduseos que negaban la posibilidad de la resurrección por eso de manera muy capciosa tratan de probar a Jesús para dejarlo mal parado. Por eso recurriendo a la figura legal del levirato, que establecía que una viuda sin hijos debía ser desposada por el hermano del difunto para darle descendencia a su hermano, se le cuestiona si el caso un poco inverosimil de una mujer casada con siete hermanos, de cual sería esposa en la resurrección?

Es claro que quisiéramos entender la realidad de la vida eterna desde los parámetros espacio - temporales de nuestra realidad material y humana. Recuerdo una señora que me preguntaba ¿qué pasaba con su abuelita que había muerto hace 50 años, dónde estaba y qué estaba haciendo? La vida eterna no se mide o analiza desde la materia o la determinación del tiempo o el espacio como lo hacemos en esta vida. Por lo tanto realidades humano-históricas como el matrimonio, el trabajo, el estudio en fin todo lo que hacemos acá no serán realidades eternas. Bueno en ese sentido a algunos les preocupará que en la eternidad no haya matrimonio o vida sexual, para otras será un alivio o un descanso jaja, como dicen de todo hay en la viña del Señor.


Lo cierto es que toda la felicidad y la paz que en este mundo es tan frágil y relativa allí será perfecta y absoluta. Y mientras que en esta vida tantas cosas nos desgastan, debilitan o lastiman en la resurrección que nos es dada por Jesucristo no habrá sufrimiento, ni llanto ni dolor. Pueden imaginar una hermosa vida sin estrés, ni tensión, sin dolores ni sobresaltos, sin problemas ni sufrimientos, pues esa opción solo nos la da el Señor en la eternidad con Él en el cielo.


Con el cariño de siempre.

P. Daniel Vargas.






1 comentario:

Padre Sixto Edo dijo...

Excelente comentario. Gracias hermano por compartir tus dones con nosotros.