No puedo iniciar esta reflexión sin expresarles la terrible impotencia que se siente al oir y ver escenas tan desgarradoras del Terremoto en sus dannificados allá por las zonas de Cinchona, Poasito, Fraijanes, los cartagos y demás comunidades afectadas. Que frágil y vulnerable es la vida humana definitivamente y que fácil es que en cualquier momento nos pudiésemos ver envueltos en algo similar o a cualquiera de los nuestros. Dios de paz y fortaleza a los que más están sufriendo y solidaridad a todos los corazones.
Precisamente al celebrar la Fiesta del Bautismo del Señor se nos hace pensar en nuestro propio bautismo, pues más que una necesidad ritual o sacramental para Cristo quiso abrir a través de este sacramento una vida especial para nosotros que nos da una dignidad particularísima, ser sus hijos, pero también una misión magnífica en el mundo: ser sus profetas, sacerdotes y reyes. Lo que Isaías (42,1-4.6-7) en la primera lectura de este domingo, anuncia del siervo de Dios a quien elige y prefiere y lo enviará a anunciar una Buena Noticia de justicia y libertad, también lo dice el Señor de nosotros el día de nuestro bautismo. Esto me hace pensar que antes de ser sacerdote ya desde el 11 de setiembre de 1970, en la pila bautismal del Barrio San José de Alajuela, el Señor pronunció mi nombre y me dijo: José Daniel tu eres mi hijo, amado y predilecto. ¿Por cierto sabes cuando te bautizaron? si no lo sabes te lo dejo de tarea, eso deberíamos saberlo y celebrarlo siempre. ¿Te has puesto a pensar en lo que esas palabras pronunciadas por dios para ti significan? Es que eso es lo que el Padre Dios hace con con cada uno de nosotros sus bautizados, en Cristo nos hace parte de su familia, sus hijos amados, hermanos entre nosotros de allí nuestro valor y dignidad. Y también nuestra tarea como cristianos para transformar este mundo para él con nuestro anuncio, nuestra vivencia y celebración de la fe y sobre todo nuestro testimonio caritativo y solidario. El libro de los H echos 10,34-38 (segunda lectura de este domingo) nos ilumina en este sentido pues nos refiere a que entre los hijos de Dios no hay distinciones y hemos de colaborar para que todas las personas vivan de la mejor manera posible.
Acontecimientos como el que vive Costa Rica o como el que viven tantas personas en el mundo nos exigen conciencia y compromiso de bautizados, pues es la oportunidad parefecta para mostrarnos cercanos y solidarios con ellos, en medio de una sociedad muchas veces fría, indiferente y superficial, que se vuelve inhumana valorando solo lo material y no a las personas.
Culmino esta humilde reflexión con algunos detalles, que me parecen lindos de este texto de San Marcos 1, 6-11, que es el Evangelio de nuestra liturgia de la Palabra:
-Que Jesús pida a Juan que lo bautice, repito no porque lo necesite sino para mostrarnos el camino que él iniciaba y por donde quería que lo siguiéramos, recordemos que nadie va al Padre sino es por él.
-Que Juan lo bautizara, enseñándonos que debemos servir a Cristo en cada bautizado a nuestro lado sin distinción ni discriminización y sin olvidar que cada cosa que hicimos a uno de sus pequeños a El se lo hicimos.
-Que el Padre confirme con su voz a los presentes que ese es su Hijo amado, para que no les quede duda quien es el Mesías, como lo confirmará en el monte Tabor en la transfiguración al anunciar su pasión.
-Que el Espíritu le unja como a cada uno de nosotros en el santo crisma, para que reconfirmados en la fe asumamos la vocación de vida a la que Dios nos llama y nos transforme en constructores de su Reino.
-Que el agua del Jordán se santifique con la presencia de Cristo, para que todos los nacidos del agua y del Espíritu vivamos la misma vida de la Gracia en Cristo.
Pues celebremos este domingo, disfrutando y celebrando nuestro propio bautismo y tratando de jercerlo de la mejor manera en todas las dimenciones de nuestras vidas.
UN ABRAZO FRATERNO Y SOLIDARIO, MI ORACIÓN Y SENTIMIENTO A MI GENTE DE COSTA RICA. EL SEÑOR ME LOS PROTEJA.
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