Retomamos en la celebración litúrgica el tiempo ordinario, por eso el color verde de los ornamentos y de otros elementos en el altar. La Palabra nos recuerda ese hermoso detalle de sabernos vocacionados en la Iglesia o sea llamados: a la vida, cuando nacimos y cada día que Dios nos renueva la existencia; a la fe, por el bautismo que se reafirma en cada acto del diario vivir; a un estado de vida: casado, soltero, consagrado, como camino de realización; a una actividad, a través de la cual ponemos al servicio de los demás y para nuestra propia satisfacción los dones y carismas que Dios nos ha dado. Pero al final de cuentas todos llamados a la santidad, a la felicidad plena, a una vida maravillosa en Dios.
Precisamente, hoy en la Palabra proclamada, se nos habla de la vocación de Samuel, como también lo refería el canto, podríamos hablar de la de Pablo, de la de Juan el Bautista, o la de sus discípulos. Ellos igual que nosotros llamados en distintas ocasiones y de diferentes maneras. Quisiera resaltar precisamente un detalle en la historia del llamado de cada uno, y es a quienes Dios usa para que clarifiquemos ese llamado. En el caso de Samuel ya vimos que fue Elí el que le ayudó a discernir que era Dios quien llamaba al pequeño y como tenía que responderle el profeta de Israel, aunque ya su madre también había hecho lo suyo, orar y entregarlo al Señor. Si vemos a Pablo no solo hoy hace recomendaciones muy prácticas para la respuesta generosa de la vida a Dios, sino que también podemos recordar como necesitó la guía de Ananías para descubrir el misterio del Dios que lo llamaba, no como a un niño, sino como un perseguidor, para ser ahora profeta de los gentiles. Del Evangelio también vemos a Juan no solo como al que un día fue llamado, desde el vientre de su madre, sino como el que ahora le indica a otros, quien es Cristo el Cordero de Dios.
Así cada unos de nosotros, tuvo o tendrá la cercanía de aquellos de quienes Dios se vale para ayudarnos a escuchar mejor su voz. Permítanme contarles que en mi historia personal, puedo citar: el ejemplo de servicio y entrega a la comunidad, a la política, al trabajo honrado que me dio mi padre y a quien el pasado 12 de enero le celebramos el segundo aniversario de su regreso a la casa de Dios. El testimonio silencioso de mi madre, que me enseñó a amar a Dios y a servirle en la oración, la vida religiosa y la sensibilidad por el arte, la naturaleza y todo lo hermoso de la creación de Dios. La alegría y vivacidad de una gran familia, donde todos somos distintos pero se aprende día con día a amarnos y a respetarnos así. La entrega y colaboración generosa de una pequeña comunidad donde crecí y observé unidad, dinamismo y deseo de ir construyendo juntos una escuela, una plaza, un Templo, una cultura. El paso marcante de catequistas, maestros, sacerdotes, amigos, compañeros, feligreses.. en fin muchísimas personas a quien Dios usó y sigue utilizando para hacerme avanzar en el discernimiento y respuesta vocacional.
¿Haz pensado a cuantas personas ha usado Dios en tu vida, para que le respondas de la mejor manera? ¿A cuantos sigue usando, para que tu respuesta sea siempre actual y generosa a su constante llamado?
Aunque muchos nos ayuden la respuesta es personal y libre, por eso como lo presenta el Evangelio de Juan los discípulos fueron tras Jesús y le preguntan: "maestro donde vive", él les dice: "vengan y lo verán", fueron y se quedaron con él. Así pues tendremos que hacer esa experiencia personal de conocerle, quedarnos con él como sus discípulos, para luego poder ser sus misioneros. Como lo hace Andrés, uno de los que aquella tarde lo siguieron, quien será el que le presente a Simón su hermano a Jesús, quien ya sabemos recibirá también su vocación propia y destacada en la vida de la fe eclesial.
No seamos sordos al llamado de Dios, que habla a través de personas, acontecimientos y experiencias humanas, pero sobretodo le entendemos cuando estamos a solas con él, en la oración y contemplación.
No dejemos tampoco de ser voz que ayude a otros a descubrir la Palabra del Dios de amor que sigue llamando en medio de tanto ruido y superficialidad, por eso suena mejor irnos a las fiestas de palmares a despilfarrar, que ser solidarios con tantos hermanos que sufren por el terremoto o por la crisis económica. Se requieren de mas voces que clarifiquen su mensaje, es la misión apostólica de los verdaderos discípulos ser pescadores de hombres. Especialmente sintamos esta invitación ene sta semana que la Iglesia reflexiona y ora por la unidad de los cristianos.
Con el cariño de siempre, unidos en la oración por los hermanos costarricenses sufrientes.
P. Daniel.
Precisamente, hoy en la Palabra proclamada, se nos habla de la vocación de Samuel, como también lo refería el canto, podríamos hablar de la de Pablo, de la de Juan el Bautista, o la de sus discípulos. Ellos igual que nosotros llamados en distintas ocasiones y de diferentes maneras. Quisiera resaltar precisamente un detalle en la historia del llamado de cada uno, y es a quienes Dios usa para que clarifiquemos ese llamado. En el caso de Samuel ya vimos que fue Elí el que le ayudó a discernir que era Dios quien llamaba al pequeño y como tenía que responderle el profeta de Israel, aunque ya su madre también había hecho lo suyo, orar y entregarlo al Señor. Si vemos a Pablo no solo hoy hace recomendaciones muy prácticas para la respuesta generosa de la vida a Dios, sino que también podemos recordar como necesitó la guía de Ananías para descubrir el misterio del Dios que lo llamaba, no como a un niño, sino como un perseguidor, para ser ahora profeta de los gentiles. Del Evangelio también vemos a Juan no solo como al que un día fue llamado, desde el vientre de su madre, sino como el que ahora le indica a otros, quien es Cristo el Cordero de Dios.
Así cada unos de nosotros, tuvo o tendrá la cercanía de aquellos de quienes Dios se vale para ayudarnos a escuchar mejor su voz. Permítanme contarles que en mi historia personal, puedo citar: el ejemplo de servicio y entrega a la comunidad, a la política, al trabajo honrado que me dio mi padre y a quien el pasado 12 de enero le celebramos el segundo aniversario de su regreso a la casa de Dios. El testimonio silencioso de mi madre, que me enseñó a amar a Dios y a servirle en la oración, la vida religiosa y la sensibilidad por el arte, la naturaleza y todo lo hermoso de la creación de Dios. La alegría y vivacidad de una gran familia, donde todos somos distintos pero se aprende día con día a amarnos y a respetarnos así. La entrega y colaboración generosa de una pequeña comunidad donde crecí y observé unidad, dinamismo y deseo de ir construyendo juntos una escuela, una plaza, un Templo, una cultura. El paso marcante de catequistas, maestros, sacerdotes, amigos, compañeros, feligreses.. en fin muchísimas personas a quien Dios usó y sigue utilizando para hacerme avanzar en el discernimiento y respuesta vocacional.
¿Haz pensado a cuantas personas ha usado Dios en tu vida, para que le respondas de la mejor manera? ¿A cuantos sigue usando, para que tu respuesta sea siempre actual y generosa a su constante llamado?
Aunque muchos nos ayuden la respuesta es personal y libre, por eso como lo presenta el Evangelio de Juan los discípulos fueron tras Jesús y le preguntan: "maestro donde vive", él les dice: "vengan y lo verán", fueron y se quedaron con él. Así pues tendremos que hacer esa experiencia personal de conocerle, quedarnos con él como sus discípulos, para luego poder ser sus misioneros. Como lo hace Andrés, uno de los que aquella tarde lo siguieron, quien será el que le presente a Simón su hermano a Jesús, quien ya sabemos recibirá también su vocación propia y destacada en la vida de la fe eclesial.
No seamos sordos al llamado de Dios, que habla a través de personas, acontecimientos y experiencias humanas, pero sobretodo le entendemos cuando estamos a solas con él, en la oración y contemplación.
No dejemos tampoco de ser voz que ayude a otros a descubrir la Palabra del Dios de amor que sigue llamando en medio de tanto ruido y superficialidad, por eso suena mejor irnos a las fiestas de palmares a despilfarrar, que ser solidarios con tantos hermanos que sufren por el terremoto o por la crisis económica. Se requieren de mas voces que clarifiquen su mensaje, es la misión apostólica de los verdaderos discípulos ser pescadores de hombres. Especialmente sintamos esta invitación ene sta semana que la Iglesia reflexiona y ora por la unidad de los cristianos.
Con el cariño de siempre, unidos en la oración por los hermanos costarricenses sufrientes.
P. Daniel.
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