En la ajetreada vida que llevamos sin duda se nos pasan los días muy rápido e igual nos pasa con el año litúrgico. Pues si el próximo miércoles inicia el tiempo de la cuaresma, un tiempo especialísmo para disfrutar la misericordia inagotable de Dios. Precisamente la Palabra de este domingo es como el mejor aperitivo para este tiempo de gracia.
Desde el Antiguo Testamento el profeta Isaías nos invita a superar el mal recuerdo de un pasado doloroso, a borrar lo de antaño, el profeta nos recuerda como Dios olvida las infidelidades de su pueblo y puede hacer todo nuevo y mejor, como ríos en el desierto. Entonces porqué será que nos cuesta tanto a nosotros olvidar ese pecado del ayer, que machaca nuestra conciencia, que nos mortifica con el remordimiento y el reclamo constante en nuestro deseo de conversión. Será que él no nos ha perdonado, como creemos, o será que nosotros mismos no nos hemos perdonado y seguimos supurando por esa herida. Se trata de creerle a esa misericordia que lo hace todo nuevo. San Pablo nos lo dice a su manera en la segunda lectura, la Palabra anunciada por él, Silvano y Timonteo no fue primero un SI y luego un NO, Cristo mismo se hizo un gran Si para nosotros y en él todas las promesas reciben un SI. Es muy lindo hermanos pensar que mi pecado que es un NO a Dios él me lo ha devuelto como un Si, si te amo, si te perdono, si te doy una nueva oportunidad. A veces cuando alguien me repite sus viejos pecados y al preguntarle que porque lo hace, me dice que es que siente que Dios no se los ha perdonado, corroboro eso, nos cuesta mucho perdonarnos. Más creo que ofende más a Dios dudar de su misericordia que todos nuestros pecados juntos. Veamos esto en este hermoso Evangelio de Marcos, el episodio nos es bien conocido, ante la fama que crece sobre Jesús le traen a un paralítico en su camilla y lo descuelgan por el tejado, el que Jesús le sanara y le perdonara, genera una gran polémica, pero tratemos de sacarle miga a este texto: -Es una persona limitada, recordemos que en la mentalidad de la época esto es consecuencia del pecado, Jesús sanará su cuerpo, pero sobre todo sanará su alma al ofrecerle el perdón. Hoy la medicina y la psicología nos explican que lo que parece enfermedad física en muchas personas puede tener su origen en el conflicto interior de la culpa, por lo que si estamos en paz con Dios de seguro nuestra salud integral será más sana. -Necesita que otras personas lo lleven a Jesús y que en ves de ser obstáculos como muchos lo eran en aquel lugar, le acerquen hasta el Maestro. Dos consecuencias muy prácticas: a-Todos necesitamos de los demás, Dios puede usar muchos instrumentos para acercarte a él. No nos cerremos en el orgullo que nos hace pensar que podemos solos. b-Hay muchos que necesitan que le ayudes a cargar su camilla y poder llegar a Jesús. -Lo primero que hace Jesús no es sanarle, aunque pareciera que este era el principal objetivo que llevaban, lo que hace es perdonarle los pecados, lo que genera la reacción de los letrados y lo acusan de blasfemia. Curiosamente en la ironía de los letrados se manifiesta la verdad, puede perdonar los pecados porque es Dios. -Para dejar claro su poder amoroso, plantea la comparación según el grado de dificultad, obviamente es más fácil decir te perdono, que te sano levántate, más para aumentar la fe, hace que el paralítico se levante. Igual que se asombró aquella muchedumbre deberíamos asombrarnos nosotros, pues si hace esto con el cuerpo enfermo igual lo puede hacer con nuestra enfermedad espiritual, el pecado que nos tiene débiles, postrados, inválidos. Que no nos deja caminar en la paz, en la alegría y en la libertad que nos trae la gracia de la reconciliación. Creo hermanos que junto al signo de la ceniza, el color morado de la liturgia, la práctica del ayuno, la oración o la limosna, no debemos olvidar que la llamada a la conversión es el mensaje más fuerte de la cuaresma y el mejor medio para avanzar en ella es la reconciliación amorosa con el Padre. Muchos esperan a Semana Santa para buscar la confesión, creo que debería ser al revés, deberíamos reconciliarnos ahora para iniciar y culminar con él en la Pascua esta gracia de la vida y la santidad. Dejemos atrás nuestras camillas en la humilde y sincera confesión de nuestras culpas. QUE MARÍA LA PRIMERA REDIMIDA Y QUE UNE SU AMOR CORREDENTOR AL DE CRISTO NOS ANIME EN EL DESEO DE LA CONVERSIÓN.
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