23 diciembre 2009

CELEBREMOS LA NAVIDAD, QUE JESUS ESTA CON NOSOTROS







Si hacemos un recuento del misterio de amor celebrado en la navidad, recordaremos como a lo largo del adviento se nos trajo a la memoria los tantos anuncios que Dios hizo a su pueblo a través de los profetas. Todos esperaban un salvador, pero sin duda que cuando llegó el momento a todos les sorprenderá esta intervención de Dios entre los hombres.
La primera sorprendida sin duda será María pues aunque esperaba junto a su pueblo la promesa de salvación, quizás no imaginó que ella sería la madre de ese Mesías y menos que le concebiría de forma virginal. Por eso las palabras del ángel son para ella turbación y alegría.. Que María nos ayude a estar siempre dispuestos a hacer la voluntad de Dios, sea la que sea... y podamos dar un si generoso para que Dios nos use siempre como instrumentos de su amor, porque para Dios nada hay imposible...






El embarazo, la preparación, la ilusión de unos padres... pero como siempre no han de faltar los imprevistos, que no son ni accidentes ni casualidades, los creyentes podemos llamarles las diocidades del cielo. Resulta que coincide la llegada del parto con el viaje a Belén de José y María. "..Pero a quien se le ocurre hacer un viaje a Belén y sin seguridad de donde se van alojar estando ya a punto de dar a luz?..." Jesús debe nacer en Belén de Judá para que se cumplan las profecías de la descendencia de David. José y María irán allí por el censo mandado, con la eventualidad de que no habrá espacio en la posada por la cantidad de gente que se trasladaba a esta pequeña ciudad por esta misma causa.
Entendemos como de esas dificultades o problemas de la vida que en el momento solo parecen desgracias, Dios saca una historia de salvación.
Además nos refleja como el proyecto del Nuevo Reino de Dios brota como una propuesta pobre y humilde para llenar el corazón de los pobres y los humildes de verdadera esperanza.
Abramos las puertas de nuestro corazón y de nuestro hogar, para que Jesús nazca esta navidad en nosotros y haga no una posada temporal sino su morada eterna entre nosotros.



Precisamente es a los más pobres y sencillos a los primeros que les anuncian los ángeles que ya ha nacido el Mesías. A los pastores, que pasaban las noches cuidando los rebaños, los que no podían poner su confianza ni seguridad más que en Dios pues no tenían ni recursos ni los medios sociales para ampararse en la vida. Entendemos como Jesús busca y tiene siempre especial predilección por los mas humildes y sencillos e incluso por los que son talvés más marginados y explotados en la sociedad.
Ojalá podamos tener la sensibilidad humilde de los pastores, para reconocerlo en un pequeño niño; la pureza de corazón y confianza para creer en las promesas del Señor; la generosidad de ellos para llevarle al señor no requesón, frutas y lana, sino nuestros mismos corazones y la caridad para con los más necesitados. Pues no olvidemos que cada vez que hacemos algo por lo más pequeños a él se lo hacemos.




Y encontraron al Niño envuelto en pañales tal como lo había anunciado el ángel, y le dieron sus dones. Desde su pobreza y limitación, compartieron con aquellos forasteros de lo que tenían.
Que sorprendidos han de haber quedado al ver que el Mesías esperado era solo un inocente y pequeño bebé.. Cuanta admiración también en José y María al oir lo que decían del Niño y ver los dones que les obsequiaban....
Allí esta en un humilde pesebre, en rústico techo, necesitado del amor de todos el mismo Señor y Dios, Todopoderoso. Profundo misterio de amor.
¿Porqué no escogió un palacio, porqué no nacer como príncipe de un gran reino? Dios se abaja hasta nuestra pequeñez, no hace alarde de su condición divina. Contemplemos absortos la grandeza de Dios, en cada bebé que se forma en el seno materno, en la necesidad del pobre, en la carita de hambre del niño, en la desesperanza del joven, en la angustia de la madre, en la serena cautela del anciano, en el dolor del enfermo...... Demos en esta navidad a cercanos y ajenos, de lo que tenemos, nuestro tiempo, nuestra sonrisa, nuestra compañía, compartamos nuestra vida en esta navidad, que a esos regalos no los afecta la crisis...






Abracemos la vida como lo hace María, pues cuando tiene el amor entre sus brazos, ya todo queda atrás, las dudas, los temores, la insertidumbre, los reclamos, las tristezas...
Abracémonos a Jesús y dejemos que el pasado quede atrás, retomemos la vida con esperanza, abrámonos a la esperanza y al deseo de una realidad mejor, de un prestente que se puede transformar con la fuerza de lo alto, una espectativa e ilusión positiva de lo que traerá el futuro.

FELIZ NAVIDAD PARA TODOS, QUE ESTEMOS DONDE ESTEMOS, JESUS NACE EN NUESTROS CORAZONES Y NOS TRANSFORMA EN SU AMOR.

Con el cariño de siempre P. Daniel Vargas.








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