Textos bíblicos:Gn 15, 5-12.17-18.
Sal 26, 1.7-14.
Flp 3,17-4,1.
Lc 9,28-36.
Jesucristo es la plenitud de la revelación divina, en Él tiene pleno sentido lo que anunciaron la ley y los profetas. La gloria de la luz de Dios brilla en Jesucristo mientras ora con sus discípulos. Busquemos en la oración la fuerza de Dios que nos consuela y anima en el camino de la cruz. Para que siguiendo la voz del Padre escuchemos fielmente a su Hijo el escogido.

Este es el monte Tabor, ascender a él es un camino duro y pesado, como es la cruz en la vida de los cristianos, por eso Jesús sube allí con Pedro, Juan y Santiago. Desde arriba la panorámica es impresionante, a sus pies se contempla Jesusalén, por eso Jesús lleva a sus discípulos a la visión de la gloria del cielo para que le encuentren un sentido y pierdan el temor a abrazar la cruz, que es el único camino para llegar a él. Es comprensible que quisieran hacer chosas para quedarse ahí y no bajar a Jerusalén, pues ya sabían que implicaría: juicio, condena, cruz, pasión y muerte.

Actualmente en este monte, está construido este Templo para conmemorar el lugar de la transfiguración. No olvidemos que Jesús se sigue transfigurando para nosotros siempre, especialmente en su presencia eucarística, para animarnos en el duro camino de la vida.
Y no es que a Jesús le encante nuestro dolor y sufrimiento, como si fuera un dios sádico masoquista, es que conociendo perfectamente nuestra naturaleza humana tan frágil y llena de limitaciones, puede transformar hasta la situación de vida más complicada o dolorosa en camino de salvación. Así lo hizo con su cruz, transformó un madero de muerte y castigo en signo de vida y redención.
No neguemos ni rechacemos nuestra cruz, abracémosla con amor oblativo y busquemos en Él la fuerza para llevarla y la sabiduría para entenderla. Tanto en los momentos más duros y pesados de la vida, como en las pequeñas complicaciones de la cotidianidad humana.
OH JESÚS DE MI VIDA QUE A LA CRUZ FUISTE POR MI. EN LA VIDA Y EN LA MUERTE ACUERDATE SEÑOR DE MI.
Y no es que a Jesús le encante nuestro dolor y sufrimiento, como si fuera un dios sádico masoquista, es que conociendo perfectamente nuestra naturaleza humana tan frágil y llena de limitaciones, puede transformar hasta la situación de vida más complicada o dolorosa en camino de salvación. Así lo hizo con su cruz, transformó un madero de muerte y castigo en signo de vida y redención.
No neguemos ni rechacemos nuestra cruz, abracémosla con amor oblativo y busquemos en Él la fuerza para llevarla y la sabiduría para entenderla. Tanto en los momentos más duros y pesados de la vida, como en las pequeñas complicaciones de la cotidianidad humana.
OH JESÚS DE MI VIDA QUE A LA CRUZ FUISTE POR MI. EN LA VIDA Y EN LA MUERTE ACUERDATE SEÑOR DE MI.
Con el cariño de siempre.
P. Daniel Vargas.
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