En este tercer domingo del tiempo ordinario se conjuga en la celebración dominical, la celebración de la conversión de San Pablo y la culminación de la semana de oración por la unidad de los cristianos, por lo que se ha concedido la indulgencia plenaria, a quienes confesando sus pecados, recibiendo la Sagrada Comunión y orando por las intenciones del Papa, participen de la Eucaristía este fin de semana.
Este tema de la conversión no debe de sonar extraño a nuestros oídos pues es la novedosa y permanente llamada de Dios a los creyentes que quieren avanzar en la vida espiritual hacia la santidad, o sea que en ley de principio debería serlo para todos los bautizados.
Si todo cambia en la vida de la humanidad, como de la espina a la flor; de la enfermedad o el dolor de ayer al alivio y satisfacción; e incluso socialmente de la guerra a la paz, o de la discriminación racial en Estados Unidos a tener ahora su primer presidente negro; con mas razón en nuestra propia vida. Dios nos llama al cambio, pero no solo en aspectos superficiales como un corte de cabello o vestuario nuevo, sino en lo más profundo de nuestro ser, en aquello que no nos deja vivir a gusto en la amistad con Dios y en el testimonio a los demás.
(Jon 3,1-5.10) Dios en el Antiguo Testamento hacía esta invitación a Nínive a través de Jonás y aunque el proceso es complicado para el mismo profeta y para el pueblo, la respuesta positiva a la invitación de Dios transforma la desgracia en bendición. Que detalle de Dios no, siempre avisarnos y prevenirnos de los riesgos de nuestro mal camino y ofrecernos siempre la oportunidad de reivindicar, en el más profundo respeto de nuestra libertad. Nos ama tanto que agota todos sus recursos por nuestra salvación.
Con razón el salmista (salmo 24) implora con humildad y sencillez: "Señor enséñame tus caminos". Cuando somos conscientes de nuestro pecado y que a pesar de eso Dios nos ame y nos busque, no nos queda más que disponernos humildemente a dejarnos conducir por él.
Es precisamente la maravillosa historia de la conversión en la vida de San Pablo, cuya historia todos recordamos, Dios sale a su encuentro, le hace ver su profunda ceguera y le da la luz verdadera, no solo para que vea la verdad y la siga sino para que también conduzca a muchos hacia ella. Como fruto de su conversión el apóstol de los gentiles trabajará incansablemente por la unidad de los cristianos en la Iglesia, pues uno es Cristo, una la fe, uno el Bautismo y una su Iglesia. Las divisiones de judíos y paganos quedan atrás en Cristo, como hoy deberían ser superadas las divisiones y conflictos entre los seguidores de Cristo.
La carta a los Corintios (7,29-31) segunda lectura de este domingo, nos lanza el reto de la conversión personal y social, pues nos propone un esquema de vida en Cristo, tal vez muy diferente al que nos propone el mundo actual. Se trata de asumir la vida, que tal vez hacemos siempre o todo el mundo hace, pero con una actitud esencialmente diferente:
-Vivir la sexualidad, pero sin caer en la absolutización del placer o el hedonismo egoísta, que nos lleva a usar a los demás o a cerrarnos al proyecto de vida planteado por Dios.
-Asumir el dolor y las tristezas de la vida, pero sin caer en la desesperanza ni el pesimismo.
-Disfrutar de las alegrías de la vida, sin ir hasta la irresponsabilidad, el desenfreno y la indiferencia del dolor o carencias de los demás.
-Realizar la dinámica de una vivencia social enmarcada en el trabajo, el mercado, la vida económica y política, pero sin aferrarnos a los bienes de este mundo como los garantes de la felicidad absoluta, sino más bien en el esfuerzo honesto y solidario de quienes construyen el Reino de Dios en este mundo.
Si Jesús mismo nos vino a anunciar la conversión (Mc 1,14-20) e invita a los discípulos a seguirlo, para hacerlos sus apóstoles, o sea sus enviados a anunciar la conversión, no podemos encerrarnos en nuestros viejos esquemas de vida y decir: "es que nada va a cambiar".
La invitación te la hace personal y amorosamente el Señor, la respuesta es libre y responsablemente tuya.
La vida de Estados Unidos y su influencia en el mundo, no la cambiará Obama, sino la respuesta positiva al cambio y a la esperanza que ha lanzado este afro americano a todos los Estadounidenses. El cambio en la Iglesia, en nuestro país, en la familia pero especialmente en nuestras vidas, se dará si aceptamos la hermosa invitación del Señor, si confiamos en su Gracia y si ponemos el mejor esfuerzo de nuestra parte.
UNIDOS EN LA ORACIÓN Y EN EL ESFUERZO DE LA CONVERSIÓN. P. Daniel.
Nota: del 24 de enero al 7 de febrero tengo los exámenes de fin de semestre, humildemente les ruego su oración. Gracias Dios les bendiga.
3 comentarios:
Un mensaje espectacular...
A acordarse de EL DE ARRIBA SIEMPRE!
Ojalá todos aceptaramos esta invitación a la conversión, pero, ¡Qué difícil!
Dos questionantes que tenemos:
1. ¿Qué es el hedonismo?
2. ¿Qué piensas de la desición de Obama de legalizar el aborto?
La conversión es el llamado de Cristo para todos. Y ese es mi deseo con la gracia que nos da el Espiritu Santo. Es el Espíritu quien nos guia a la santidad, y a ella llegamos por la conversión.
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