Contemplemos a Cristo en su borrico entrando a Jerusalén, no tras falsas compensaciones sino al encuentro de su trono de cruz, por eso desde esa celebración de ramos como signo de realeza, también escucharemos el relato de su pasión. Entremos con él en un ritmo diferente de vida, atrevámonos a más oración, más silencio, mas meditación en su misterio de amor. Aprendamos de él a enfrentar nuestra cruz y no refugiarnos en evasiones confusas.

Miremos su humanidad frágil, siendo fortalecida en el Huerto de Getsemaní y dispongámonos a confiar en esa gracia que a lo largo de la vida nos tocarán muchas noches oscuras de angustia y aflicción. Pero él nos sostendrá diciéndonos siempre: "Hijo yo te amo y jamás te he dejado sólo recuérdalo, en los momentos de prueba entonces era yo quien te cargué"

Contemplemos su amor que se parte y reparte en la fracción del pan, cuando aquella noche nos deja su testamento de amor, para alimentarnos como comida verdadera y enviarnos a vivir bajo la norma de su amor. Fortalezcamos nuestro amor y necesidad de Jesús Sacramentado, para hacer vida su enseñanza en todas las dimensiones de nuestra vida. No nos desanimemos por lo pesado del camino, si su cuerpo y su sangre nos animan.
Meditemos en la profunda entrega de su pasión y muerte, su máxima prueba de amor por nosotros. No es el fracaso de su proyecto, es la consumación de la voluntad misericordiosa del Padre que quiso salvarnos con el precio de su sangre redentora. Dejemos que mueran con él nuestras miserias y pecados, todas esas esclavitudes que arrastramos. Si él nos ha liberado, porque no crucificamos todo eso con él. María la madre valiente al pie de la cruz, la que él nos dejó como madre intercederá por nosotros en esa batalla.

Si Cristo no hubiese resucitado vana sería nuestra fe, nos dirá el apóstol Pablo. Pues no podemos ir a procesiones y celebraciones y pensar que el viernes santo, se acabó todo, como se acaban las sardinas y el chiverre, o las vacaciones de muchos. Debemos mirar la vida que brota del árbol de la cruz, de la oscuridad de la tumba. Hemos de retomar con fuerza y vida renovada esa relación un poco desgastada, ese trabajo desgastante, ese estudio descuidado, esa salud quebrantada, esas tumbas que no hemos resucitado en la comunidad, en nuestra Iglesia.
Es asumir de nuevo el camino en la arena, sin olvidar nunca que cuando aparezcan un solo par de huellas en nuestra historia es porque él JESUCRISTO VIVO Y RESUCITADO nos lleva en sus brazos.
QUE EL SEÑOR DE LA VIDA Y DE NUESTRA HISTORIA HAGA PASCUA EN SUS VIDAS.
Con el cariño de siempre. P. Daniel

4 comentarios:
Mil gracias por tu tiempo y tu mensaje.
Da gusto saber que si ya no estas en Moncho, ni CR, eso no es problema para saber del mensaje que dos atravez de vos nos tiene, maesillo!!!
Un abrazo.
Higo
Wow Dany que mensaje más profundo.Ojalá y todos comprendieramos el verdadero significado de vivir la Semana Santa y de acoger la Pascua en nuestras vidas.
Cuidate. Te queremos mucho.
diay ya hace falta el bloq de resureccion!!!
que pasa???
Siempre con un mensaje preciso y lleno de amor.
Gracias por escribir y ofrecer a tus feligreses el amor que Dios nos tiene.
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