06 marzo 2009

Tras la forma del dolor o del sacrificio aparece aparece el amor de Dios





Esta semana daba gracias a Dios, pues me decía mi hermano Jimmy que el bebé que esperan él y Yajaira su esposa (niño o niña no sabemos) según el ultrasonido medía dos centímetros a sus 8 semanas de gestación. Quizás nos cuesta imaginar una criatura tan pequeña, creciendo y desarrollando esa vida que por puro amor Dios concede, pero más nos cuesta pensar, que puedan haber personas, especialmente padres que quieran dar muerte a sus hijos, por pequeñitos que parezcan. Pues paradójicamente hoy tengo que hablar de Padres que han sido capaces de sacrificar a sus propios hijos, les parece raro los invito a seguir estos tres casos...

1- El primer caso fue hace muchos años, es la historia reflejada en este hermoso óleo sobre lienzo, de Doménico Zampieri. Sus protagonistas ya los conocemos por el capítulo 22 del Génesis, Abraham el padre, Isaac su hijo, el de la promesa. El drama humano y de fe es fuerte. Dios le pide sacrificar a su hijo y así en una sublime obediencia, va al monte asignado, lleva la leña y sobre ella colocará a su hijo para el sacrificio. Lo que el génesis plantea como una prueba de fe para Abraham, se convertirá para el creyente de la Escritura en la prefiguración del amor del Padre Dios. Pues él mismo impedirá ese sacrificio pues la fe quedó evidenciada y lo único que se sacrificará será un carnero, otro hermoso signo teológico del cordero degollado que derramará su sangre por nuestra redención. Que gran modelo de fe Abraham, estaríamos nosotros tan dispuestos a darle lo mejor de nuestra vida a Dios, como un sacrificio? Más no dejemos de mirar que grande y maravilloso es Dios para con los que se abandonan sin reservas en él?

2-El segundo caso que les quiero comentar, ocurrió en la ciudad de Nueva York, un hombre viajaba en su automóvil, cuando escucha por la radio que un raro mal ha aparecido en un país lejano y ha matado a tres personas, más no pone mucha atención a la noticia. Al llegar a su casa por la noche en los telenoticiarios hablan con alarma de que es una epidemia y que ya ha llegado a otros países europeos, que Estados Unidos aumenta su control migratorio. Para el día siguiente nada parece detener el mal y ya hay varios infectados en su país, el mal no tiene cura y se propaga velozmente. Por el trabajo de los investigadores se encuentra una posible solución pero deben encontrar un tipo de sangre que sea propicia para la investigación, por lo que citan a todos los ciudadanos sin excepción. El protagonista de la historia acude junto a su esposa y su hijo, como todos los demás, mientras esperan los resultados surge la gran noticia de que han dado con el antídoto, to
dos disfrutan y celebran, la vida tiene esperanza, no morirán, pero los doctores hablan con este hombre y su esposa y les explican que es la sangre de su hijo la que puede salvar a la humanidad, pero que por ser el pequeño la requieren toda.... Dudosos, con sus sentimientos y razón entrampados en un terrible dilema, casi contra su voluntad acceden al sacrificio... La algarabía mundial es impresionante, justo al mes hacen un acto de homenaje al niño sacrificado al cual acuden sus papás, dolidos pero orgullosos sintiendo que valió la pena el sacrificio de su hijo, más los defrauda el ver que en aquel acto muchos están distraídos, soñolientos, como forzados o por lo menos deseosos de que culmine pronto para buscar otras prioridades, eso sin mencionar la poca cantidad de personas que fueron, o sea que a muchos no les interesó.
Esto se lo estará inventando el padre Daniel dirán ustedes, ningún
papá haría eso, ni la gente podría ser tan mal agradecida ante semejante gesto. Pues claro que no es cierto, pero no se les parece al acto amoroso que Dios Padre hizo, cuando entregó a su Hijo para salvarnos del mal. Entregó su sangre preciosa, para que no pereciéramos ante el verdadero mal que el hombre no puede vencer, el pecado. Y no se les parece la actitud de la gente de la historia, a la actitud con que muchas veces vamos a la Santa Eucaristía, indiferentes, desmotivados, sin ganas, deseosos de que termine pronto o incluso ni vamos tal vez.

3- El tercer caso, el
más hermoso y perfecto acto de amor hecho en la historia humana, ya quedó al descubierto en las enseñanzas que resaltábamos de los dos anteriores. Es el amor de Dios Padre que como dice San Pablo en la carta a los Romanos:"no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros".
Precisamente en nuestro caminar cuaresmal, donde se nos recuerda que Dios es nuestra fortaleza para llevar el sufrimiento y el dolor en el camino de la vida, aparece en este segundo domingo el hermoso episodio de la transfiguración. Donde Jesús sabiendo cual es la voluntad del
Padre, que le ha encomendado una misión dolorosa y que significará escándalo y miedo para sus discípulos, los llevará al monte Tabor, tras explicarles la pasión y agonía que vivirá y allí se transfigura, para fortalecer y animar la fe de ellos como un anticipo de la Gloria que vendrá con la resurrección.
Algunos detalles teológicos siempre importantes de recordar:
-Jesús fortalece a sus discípulos para que no tengamos miedo de abrazar la cruz, por dolorosa que esta parezca, la recompensa, lo que vendrá, vale cualquier sacrificio.
-La montaña siempre es el lugar de encuentro con el Señor, busquemos en esta cuaresma nuestra montaña, nuestro espacio propio y óptimo para estar con él y conocer su voluntad.
-La presencia de Moisés y Elías nos recuerdan que Jesús es la plenitud de la ley y los profetas, no dudemos de su amor ni su
verdad, aun en medio de las más grandes pruebas.
-La veracidad y eficacia de la divinidad de Jesús es comprobada por la voz del Padre: "Este es mi Hijo amado, escuchadlo". Si lo ha entregado no es porque él es un mal padre, o perverso sediento de sangre, sino por
que solo su sacrificio inmaculado podía expiar nuestras culpas y traernos la justificación.
-Las famosas tres chozas que Pedro quiere hacer, reflejan un poco su miedo pero también la evasión tentadora, que nos lleva a la ilusión de huir al dolor, de no bajar a abrazar la cruz, de quedarnos quietos en lo bonito, aunque sea solo un rato. Esta es una típica actitud hoy del hombre que no quiere saber nada de sacrificio o dolor. Que se refugia en la drogas, en los farmaco dependientes, que se aturde en el ruido, que se sumerge en el activismo, o escapa en la irresponsabilidad, para huir de su realidad de vida marcada por una cruz, esa que Cristo quiso llevar por voluntad del Padre para darnos la salvación. Si él la
llevó con amor, no tengamos miedo de cargarla con él, pues él sostiene nuestra flaqueza.
Quisiera aprovechar para contarles que a mi cohermano en el sacerdocio el padre Fabián Campos de San Isidro del General le han comunicado el fallecimiento de su papá, por los que les pido la oración por su eterno
descanso y la paz y fortaleza para Fabián y su familia.
Con el cariño de siempre. P. Daniel.




No hay comentarios: