Mc 10,46-52:
(Esta sería la versión si el mismo Jesús nos narrara este episodio)
Y dicho esto, caminando delante de todos, salí de Jericó, subiendo hacia Jerusalén. Me seguía un gran gentío y he aquí que un ciego, Bartimeo sentado junto al camino, mendigando, y oyendo decir que Jesús el de Nazaret pasaba por allí, se puso a gritar diciendo:
“¡Señor, Jesús, Hijo de David, ten compasión de mi!”
Muchos de los que marchaban delante le increpaban para que se callara; mas él gritaba mucho más diciendo:
“¡Señor, ten piedad de mi, Hijo de David!”
Me detuve y dije:
“Llamenlo”.
Y llaman al ciego diciéndole:
“Ánimo, levántate, que te llama”.
Bartimeo, soltó el manto, levantándose de un salto se vino a mí. Y cuando se hubo acercado, le pregunté:
“¿Qué quieres que haga por ti?”.
Me dice:
“Maestro que pueda ver”.
Me compadecí, y tocando sus ojos, le dije:
“Anda tu fe te ha curado”.
Y al instante recobró la vista, y me seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, dio alabanza a Dios.
Si bien el Evangelio no pone a Jesús como el narrador de su biografía (este es el servicio que dieron a la Iglesia los evangelistas), pero si nos muestra el amor compasivo del Dios encarnado que se compadece de nuestras necesidades. Más que una biografía de la vida de Jesús, la Palabra es la Buena Nueva de Dios para sus hijos amados, anunciada en el Antiguo Testamento por los profetas y encarnada por el mismo Jesucristo y sus apóstoles en el Nuevo Testamento. En las lecturas bíblicas de este domingo 30 del tiempo ordinario nos queda bien claro:
-Jr 31,7-9. El profeta Jeremías nos recuerda como ese Dios compasivo que creó el mundo ha mirado la aflicción de Israel tras su destierro, por eso dice el profeta que aunque "se marcharon llorando", porque van avergonzados, desmoralizados, sintiéndose abandonados, "los guiaré entre consuelos, los llevaré a torrentes de agua, por un camino llano en que no tropezarán". Quienes personifican en el texto a ese pueblo débil: ciegos y cojos, preñadas y paridas, mostrándonos así la vulnerabilidad de la condición humana en muchas facetas de ésta. El texto también nos muestra la sensibilidad de Dios ante nuestra necesidad y dolor, pero no solo se compadece sino que busca una solución favorable, a este pueblo de Israel veamos como le consuela, le guía y le conduce por un camino llano y con una vida mejor, lo figura el llegar a un lugar donde brota el agua, y es algo vital para los seres humanos, pero especialmente para los que viven o caminan por el desierto. Aun más cambia esencialmente la situación, pues no solo da una circunstancia mejor exteriormente hablando, sino que cambia su condición, ya no será el pueblo en destierro, sin dueño, ni defensor, sino que ahora renovará su alianza y "El será un padre, e Israel su hijo".
-Sal 125,1-6. Por eso la alegría del pueblo se manifiesta en una oración de alabanza, esta es la oración que recoje el salmista y que nos vincula en esta liturgia a reconocer también en nuestras vidas e historia la intervención de un Dios "que ha estado grande con nosotros y estamos alegres".
-Hb 5,1-6. ¿Y porqué si ese Dios, nos parece a veces tan soberano, omnipotente pero tan distante a nosotros, puede compadecerse y ayudar en nuestras necesidades? "Porque como lo ha venido explicando el apóstol Pablo en esta carta a los Hebreos: "El puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades". Es el amoroso misterio de la encarnación, de un Dios que quiso dejar su condición divina, su rango sin dejar de ser Dios, y asumir en carne propia toda la condición humana menos en el pecado, o sea probar en su misma existencia, dolor, ansiedad, frustración, tristeza, hambre, agonía y la misma muerte. ¿En qué situación de nuestra vida no va a comprendernos?, ¿En qué situación no podrá ayudarnos? El, el Hijo amado del Padre es el Sumo y Eterno sacerdote dispuesto siempre a ayudarnos pues se entregó por nosotros.
Esto fue lo que vivió en carne propia Bartimeo, quién resignado en su limitación u obligado por la desición social, solo pide limosna, para sobrevivir. Pero cuando oye que pasa Jesús, no se conforma con sobrevivir, siente que en El puede vivir y mejor, por eso le grita con fuerza: "Hijo de David ten compasión de mi". La vida del hombre puede ser tan miserable como la persona misma quiera que sea, pero si clamas al Señor y te dispones con fe a luchar, nada es imposible. No sé si alguien ya dijo esa frase, pero parece genial.
El diálogo entre Jesús y Bartimeo, no es un regateo en el mercado entre un vendedor y un buen cliente, tratando ambos de obtener la mayor ganancia sobre un artículo. Es una constatación en Jesús de su bondad y pronto deseo de ayudarle y en Bartimeo de su fe convencida y desidida: "¿Qué quieres que haga por ti? Maestro que pueda ver. Anda tu fe te ha curado." Bartimeo tiene claro lo que necesita y va por lo que quiere, sabiendo que Jesús tiene el poder para dárselo, esto lo confirma el título mesiánico que le da.
Bartimeo ante el regalo que se le haconcedido, no se limita a disfrutarlo o a mostrarse indiferente, sino que seguirá a Jesús por el camino, logrando que muchos se admiren y glorifiquen a Dios por lo ocurrido. También nosotros que hemos experimentado tantas veces el amor consolador, cercano y portentoso de Dios, no podemos ir indiferentes por la vida, gozando de ella en sus momentos satisfactorios sin más. Hemos de seguir a Cristo y ayudar a otros a que descubran la luz de sus ojos y de sus vidas.
Por eso les invito a culminar nuestra reflexión meditando estas frases, que son realmente nuestra oración confiada en medio de tantas situaciones dolorosas que a menudo nos afectan y ante las cuales solo le podemos decir al Señor: Maestro que pueda ver...
Maestro que pueda ver como tu amor se renueva cada día en la creación y especialmente en mi vida con tantos regalos que me das.
Maestro que pueda ver tu cercanía amorosa y sensible en esos momentos de dolor y necesidad en que me siento solo y desamparado.
Maestro que pueda ver como te detienes en mi historia, atiendes a mis gritos, me miras, me llamas y me dices: ¿Qué quieres que haga por ti?
Maestro que pueda ver como tu amor va actuando en mi vida y en la de los míos, aunque el proceso sea lento y doloroso y no tan inmediato como con Bartimeo.
Maestro que pueda ver en la fe firme, tu poder y majestad, realizando también hoy prodigios, como los hiciste antiguamente. Para tu honra y tu gloria. Amén.
Maestro que pueda verme yo también como Bartimeo, siguiendo tu camino y anunciado tu amor a los demás, especialmente a aquellos que no te conocen o no te pueden ver.
Con el cariño de siempre.
P. Daniel Vargas.
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