28 marzo 2009

¿Qué tal si le renuevas tu alianza al Señor?


Textos bíblicos:
-Jr 31, 31-34.
-Sal 150.
-Hb 5,7-9.
-Jn 12,20-33.
Cuando una pareja une sus vidas en el amor se le llama alianza nupcial, ambos hacen un pacto, un acuerdo, donde se comprometen a amarse, respetarse, darse la fidelidad el uno al otro. De seguro que habrán muchos momentos en que no será fácil cumplir con cada uno de esos compromisos y habrán también muchos otros en los que no se sentirán satisfechos por el esfuerzo u error del otro.

Dios también a lo largo del Antiguo Testamento hizo muchas alianzas con su pueblo, como un novio que va preparando el terreno para el compromiso perfecto. Podríamos citar algunos ejemplos: con Adán, Noé, Abraham, Moisés. Y a pesar de los constantes incumplimientos de su pueblo Israel, no se cansa de renovar su alianza y por eso decide hacer una perfecta y definitiva.
Es la promesa que escuchamos en este texto de Jeremías, donde el Señor hará una alianza nueva, no como la que hizo antiguamente y que fue quebrantada por los israelitas. Es que es muy fácil romper un compromiso, si sólo está escrita en un papel, a veces pareciera que ya ni la palabra misma es fiable en muchas personas, por eso el Señor dice que la inscribirá en el corazón, lo que nos hace pensar en la teología moral de la Iglesia, en la llamada Ley Natural, que es la ley de Dios dada a los hombres en su interior y que puede ser conocida por la razón humana y por lo tanto hacerla nuestra también y esto es propio de cualquier ser humano independientemente de su religión. La materia o el contenido de esta nueva alianza es el amor perfecto de un Dios que se compromete a ser parte de una profunda pertenencia: "yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo." De esta relación íntima brota la oportunidad de conocerlo y especialmente comprobar su misericordia, pues perdona nuestros crímenes y no recuerda nuestros pecados.
Prefigura así lo que será una alianza nueva que superará todas las anteriores y será definitiva.
Si es escrita en nuestro corazón y desde allí debe darse nuestra respuesta, que hermosa sería entonces en nuestros labios la oración del salmista: "Oh Dios crea en mi un corazón puro."
En la historia humana muchas alianzas se han sellado con un pacto de sangre, pues esta parece ser la vía que Dios escogió, respetando los ritos antiguos celebrados en este pueblo Hebreo, en la celebración de la pascua donde se inmolaba un cordero, así entendemos el misterio de la encarnación del Verbo, Jesucristo el Señor, quien dice la carta a los Hebreos que en sus días mortales con gritos y lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que lo podía salvar. Que paradójico no, siendo el Hijo aprende sufriendo a obedecer, guardemos este gran detalle testimonial que nos da Jesús, de humanidad que ante el dolor naturalmente reacciona pero que a su vez se abandona en la confianza y obediencia. Podría este texto darnos la impresión de que nadie le escucha, ni le ayuda en su situación, sensación que tantas veces nosotros sentimos, pero es hermosa la expresión del texto: "cuando en su angustia fue escuchado". No le quitan el beber de ese cáliz que parece tan amargo, pero si le consuelan en su angustia. De igual manera en nuestra vida, muchas veces pensamos que Dios no nos escuchó o se quedó indiferente porque no resolvió nuestro problema, pero tal vez no percibimos que esa extraña fortaleza o serenidad que ahora tenemos nos viene de él.
En este acto de sumisión absoluta a la voluntad del Padre se consuma la nueva alianza que nos trae el autor de nuestra salvación. Algo que no cualquier sacrificio, ni cualquier sangre podría lograr, solo la entrega perfecta y por amor del verdadero cordero inmolado.
El evangelio muestra como esta idea de la muerte inquietaba a Jesús, al punto de decir "mi alma está agitada, ¿y que diré? Padre líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre glorifica tu nombre". La voz del Padre verifica que le ha escuchado y que su gloria brillará en este acto redentor, pero esta voz más que para Jesús, será para confirmación de los que lo rodeaban y por su puesto para nosotros que hoy nos animamos en su Palabra. Pues la gloria del Señor sigue manifestándose en nuestras vidas.
Solo desde esta perspectiva podríamos entender la comparación que hace Jesús en este evangelio de San Juan, él es ese grano que muere en la cruz y nos trae los frutos de verdadera vida en la resurrección. Pues si el grano no muere no podrá dar fruto, por eso los cristianos si nos aferramos al amor propio, egoísta, que nos lleva a pensar solo en nosotros mismos, nos morimos solos y tristes enterrados en nuestro individualismo. Pero en cambio dice Jesús si le seguimos le servimos en los demás, daremos fruto de vida y esperanza con él. Sin él no podríamos dar fruto pues hasta nuestras mejores intenciones podrían desvirtuarse o agotarse.
Por eso en esta semana mayor que ya está muy cerca contemplemos a ese que ha sido elevado sobre la tierra, dejémonos atraer por él y celebremos su triunfo sobre la muerte, pues allí nos incorpora en una nueva y eterna alianza.

Porque se que además de su amable lectura cuento con su ayuda en la oración, quisiera pedirles la misma por dos intenciones especiales:
-Esta semana se ha celebrado aquí en España la semana por la vida y este fin de semana habrán manifestaciones a favor de la vida en todo el país, especialmente para concientizar a la población y los gobernantes actuales sobre el gran error que significa la propuesta legal que quiere aprobar el partido socialista gobernante, pues esta busca legalizar el aborto hasta los cinco meses y medio inclusive, en caso de malformaciones, como si no fuera un amado de Dios el chico Dawn o el que viene con cualquier otro mal congénito. Lo mismo que permitir el aborto a chicas de 16 años sin la autorización de sus padres. Los cristianos no podemos ser cómplices silenciosos de estos asesinatos ni de esos asesinos. Oremos para que la vida que nos trajo Jesucristo con su nueva alianza, sea un derecho natural para todos los seres humanos del mundo, especialmente los que apenas están siendo concebidos y aun no nacen.
-La otra semana viajaré hasta la zona de Galicia, a la parroquia de San Julián en la Diócesis de Santiago de Compostela, allí viviré los días santos, les pido su oración para poder ser un signo del amor de Dios, tratando de servir entre los hermanos y hermanas que allí habitan.

Con el cariño de siempre P. Daniel.

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3 comentarios:

Anónimo dijo...

apenas conozco tu blog, gracias por compartirnos la reflexión.


P Santiago Vaca

Unknown dijo...

Muy bueno gracias !!! Otro toque es lo que mandes por correo, porque aveces seme va la pajara de meterne al bloq cada domingo (no queria pollo!!!)

Unknown dijo...

Muy bueno gracias !!! Otro toque es lo que mandes por correo, porque aveces seme va la pajara de meterne al bloq cada domingo (no queria pollo!!!)